WILD AT ART

”(…) de vez en cuando, es necesaria una terapia de choque. Para no olvidarnos que detrás de cada prenda que compramos se esconde una historia y, muchas veces, una que nos cuesta digerir. Como cuando Guiomar Duarte del Huffington Post descubre que tiene51 esclavos trabajando para ella, resultado que obtiene gracias a Slavery Footprint, una aplicación que calcula el número de personas que trabajan bajo condiciones inhumanas en la producción de muchos de los objetos que consumimos día tras día. Productos de los cuales gran parte es ropa. Y la mayoría hemos oído hablar de los niños esclavos que recolectan algodón en Malí, una atrocidad que las grandes marcas textiles esconden detrás de su nítida fachada y la ocasional colección “eco”, dirigida a calmar a los consumidores más escépticos. “A algunas cadenas de moda no parece importarles mucho las condiciones en las que se recoge el algodón de sus prendas y tampoco parece que estén mucho por la labor de remediarlo”, puntualiza Duarte. Y la reforma de las leyes de la producción textil, lamentablemente, no es un proceso de soluciones rápidas. Mucho menos cuando la misma está repartida en distintos países, muy lejos de las tiendas, y dividida en una cadena de suministro que va en contra de la transparencia y del entender de donde vienen nuestros productos.”
En la imágen, última colección de Loza Maléombho, diseñadora de la Costa Marfil.
Artículo sobre moda sostenible en itfashion.com Eco, eco: encontrando las conexiones perdidas con Loza Maléombho

”(…) de vez en cuando, es necesaria una terapia de choque. Para no olvidarnos que detrás de cada prenda que compramos se esconde una historia y, muchas veces, una que nos cuesta digerir. Como cuando Guiomar Duarte del Huffington Post descubre que tiene51 esclavos trabajando para ella, resultado que obtiene gracias a Slavery Footprint, una aplicación que calcula el número de personas que trabajan bajo condiciones inhumanas en la producción de muchos de los objetos que consumimos día tras día. Productos de los cuales gran parte es ropa. Y la mayoría hemos oído hablar de los niños esclavos que recolectan algodón en Malí, una atrocidad que las grandes marcas textiles esconden detrás de su nítida fachada y la ocasional colección “eco”, dirigida a calmar a los consumidores más escépticos. “A algunas cadenas de moda no parece importarles mucho las condiciones en las que se recoge el algodón de sus prendas y tampoco parece que estén mucho por la labor de remediarlo”, puntualiza Duarte. Y la reforma de las leyes de la producción textil, lamentablemente, no es un proceso de soluciones rápidas. Mucho menos cuando la misma está repartida en distintos países, muy lejos de las tiendas, y dividida en una cadena de suministro que va en contra de la transparencia y del entender de donde vienen nuestros productos.”

En la imágen, última colección de Loza Maléombho, diseñadora de la Costa Marfil.

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